Buscar
  • MARIANELY FIGUEROA

MONSTRUOS

Me despierto. Estoy en el hospital. Las mismas cuatro paredes crema de siempre y el mismo cuadro en la pared. No sé ni qué día es hoy. Ya he perdido la noción del tiempo. Miro hacia la ventana, hoy el día es gris. Llueve. Los árboles están empapados, balanceándose de un lado al otro al compás del viento. Me quedo observando como las gotas corren a través del cristal, es casi una competencia de quién llega primero a la meta. Siento un calor en mi mano, miro, es la mano de mi padre que se encuentra a mi lado profundamente dormido. Sonrío, la única persona que no me abandona… hasta ahora.

Alguien toca la puerta, mi papá se despierta sobresaltado, me mira para ver si me ha pasado algo. Suspira aliviado al ver que todo se encuentra bien, se levanta y se dirige a la puerta. Es la psicóloga.

Hace unos días una de las enfermeras le comunicó a mi papá que hacía falta que me viera una psicóloga, dice que es de la única manera que alguien podrá encontrar alguna solución y entender qué es lo que pasa conmigo. Pero, yo no sé a qué se refiere porque yo me encuentro muy bien. Me ha dicho que no mienta y sea lo más sincera posible.

La psicóloga saluda a mi padre y luego se dirige hacia mí.

—“Hola Violeta, ¿cómo te encuentras?” Me pregunta esperanzada.

—“Bien” le digo sin más, un poco nerviosa.

—“De acuerdo, mi nombre es Sofía Álvarez, he venido para que charlemos un rato, ¿te parece bien? Puedes confiar en mí y contarme todo lo que tú quieras.” Me dice sonriente y con mucha tranquilidad.

Asiento un poco insegura. No sé si pueda confiar en ella y que pueda entenderme. Nadie me entiende. No sé si deba contarle que he logrado ser invisible, aunque, desde que estoy aquí he perdido ese súper poder.

—“Y, ¿qué tal la escuela, te gusta?” Me pregunta, tratando de ser lo más neutral posible.

—“Sí, me gusta.” le digo, y, es verdad, bueno, hasta que aparecieron los monstruos, pero no le digo eso.

—“Y tus amigos, ¿has hablado con ellos?” Sigue preguntando.

—“No, desde que comencé a ser invisible no pueden hablarme.” Le digo e inmediatamente me arrepiento porque comienza a hacerme un sinnúmero de preguntas.

—“¿Invisible? ¿Cómo has logrado ser invisible? ¿Desde cuándo?” Pregunta sin parar.

—"Desde que apareció el primer monstruo. Con él no funciona mi súper poder, no sé por qué, pero para todos en mi salón de clases sí. Nadie puede verme, incluso mi maestra.

La psicóloga me mira incrédula, baja la mirada intentando disimular. Comienza a anotar rápidamente en su libreta de apuntes, luego se vuelve a mí.

—"¿Hay monstruos en tu escuela?” Me pregunta preocupada.

“Sí, me quita mi comida y me la tira al piso todos los días. En clase me tira con papeles, pero como lo ignoro, comienza a tirarme con lápices, tizas y cosas más fuertes. Cuando salgo de clase, trato de avanzar y llegar a mi casa, pero él es más rápido que yo y siempre me atrapa. Pero, mis amigos nunca pueden verme, porque soy invisible y pues, no me pueden ayudar. Pero, no te preocupes, hace tiempo que no lo veo, he logrado ser invisible para él también.” Ella me mira con una mirada que no sé si es ternura, lastima, compasión, pero cierra su libreta de apuntes, me dice que hemos finalizado por hoy, le dice a mi padre que la acompañe y salen, dejándome en esta habitación... sola.



Hay muchísimas campañas sobre el bullying, sí. Constantemente nos hablan de cómo prevenir el bullying, las sanciones hacia aquellos que lo cometen, entre otras cosas. Pero, ¿y los que no hacemos nada? Los que nos quedamos ahí, observando y callando. Los que vemos como agreden a alguien, sabiendo que es una persona inocente y decidimos “mantenernos al margen” y no hacer nada. ¿Por qué convertimos esa persona en invisible? ¿Por qué le obligamos a serlo? Nosotros también somos monstruos. Guardar silencio nos hace monstruos. Mantenernos al margen nos hace monstruos.

Y ni hablar de los celulares. Los que graban las agresiones, pero en su momento, no hacen nada. Eso es mucho más fuerte que un empujón. Tomemos acción, seamos empáticos, ayudamos a quien nos necesita, a quien se encuentra batallando este monstruo solo. A los que se encuentran preguntándose qué hicieron mal, por qué a ellos, cuál es la razón, por qué nadie me ayuda, por qué nadie se da cuenta. "Jamás te unas a un maltratador, ni si quiera para no ser abusado. Si lo haces, caes lo más bajo que puedes, pues te conviertes en su seguidor y en un cobarde."

Por otro lado, si en algún momento te sientes invisible, recuerda: "Nunca seas maltratado en el silencio. Nunca te permitas a ti mismo ser una víctima. No aceptes que nadie defina tu vida, defínete a ti mismo." -Tim Fields. #bullying #noalbullying #invisible #monstruos #bastaya

86 vistas2 comentarios
subscríbete a musas inquietas

© 2023 por Secretos de Armario. Creado con Wix.com