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  • MARIANELY FIGUEROA

Ser feliz... y ya está

Hace unos días me preguntaron que cuál era mi mayor sueño, tú sabes, de esas preguntas profundas de las que tienes que darle varias vueltas a tus pensamientos, antes de dar una respuesta. Después de eternos minutos, solo respondí: “solo quiero ser feliz, esté donde esté”.

Estos meses me han hecho replantearme ciertos aspectos en mi vida y la realidad es que esta pausa obligatoria me ha enseñado un par de cosas. Yo tenía planificado todo un semestre en España y jamás me imaginé que llegaría una pandemia, y todo se fuera por la borda de un día para otro. Desde hospedajes, clases, presupuestos, destinos planificados, experiencias, momentos, todo. No es hasta que un día te levantas para ir a la universidad, tomas el metro, el periódico del día, y el titular solo resalta la abrumadora cantidad de casos, posible cierre de Madrid, cancelación de clases y miles de interrogantes rondando en mi cabeza. ¿Qué pasará con el intercambio? ¿Tengo que regresarme a Puerto Rico? ¿Las clases?

El tomar ese vuelo de regreso a la isla, permanecer quince días en un espacio sola, con miedo de que pasara lo peor, teniendo en cuenta de que España era uno de los principales países con mayor número de casos en ese momento, y pensando: “wow, la vida se nos puede ir en un abrir y cerrar de ojos”.

En ocasiones, vivimos tan obsesionados planificando un futuro perfecto que nos olvidamos que tenemos un presente que vivir. Nos enfocamos tanto en lograr eso que cuando por fin lo obtienes, se se vuelve insuficiente, sigues aspirando a más, y nunca estás conforme. Ni siquiera disfrutaste el proceso que te llevó a ese logro. Por momentos, se nos olvida cuan efímero es nuestro paso por este mundo y el verdadero propósito de él.

Le ponemos un significado a la felicidad, una escenografía perfecta para describir esa felicidad. Creando y buscando ese prototipo ideal, sin darte cuenta que la felicidad está frente a ti, que siempre lo estuvo.

Aún estamos recién empezando agosto, falta un poco todavía para que se acabe el año y cuántos tropiezos hemos tenido; temblores, pandemia, Sahara, tormenta. Ha sido cantazo, tras cantazo. La vida se nos va, sin valorar lo realmente importante.

Y con esto no quiero decir que seamos conformes, eso jamás. Podemos tener nuestras metas y aspiraciones, pero estando conscientes de que tenemos un presente que disfrutar. De que tenemos que ser agradecido con lo poco y lo mucho, valorarlo, apreciarlo.


Ese rayito de sol que se pelea con la cortina para entrar a tu cuarto en las mañanas, el momento en el que cierras los ojos, aspiras y dejas que el aire fresco se cuele en tus pulmones, el olor del café, ese abrazo que tanto reconforta de tu mamá, esa amistad sincera, el tacto de dos manos entrelazadas, el sonido de la lluvia en el zinc, olores que transportan, sonrisas que sanan, esa canción que te eriza la piel, la luna llena, el mar, el atardecer, en fin; pequeñeces que nos llenan, nos hacen sentir plenos; completos.


Dejemos de complicarnos tanto la vida, ¿sí? Vivamos y que pase lo que tenga que pasar.

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